Ya lo auguraba José María Cano hace 31 años: nada tienen de especial dos mujeres que se dan la mano. 

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No tienen nada de especial, excepto que se tenían que ocultar por debajo del mantel para tomarse la mano cuando estaban en público.

Casi tres décadas después de que el tema fuera interpretado por Ana Torroja por primera vez en diciembre de 1988, la legislación de mi querida ciudad de Puebla apenas está entendiendo estás líneas, más por orden de la Suprema Corte de Justicia de la Nación (SCJN) que por su propia evolución porque #Puebla, #MarchaPorLaFamilia, #AutobúsPorLaLibertad y demás, pero quienes estamos a favor de la diversidad podemos celebrarlo en altavoces haya sido como haya sido.

Resulta, que el pasado martes 1 de agosto se dio a conocer la resolución de la SCJN en la que invalida parte de los artículos 300, que establece que el matrimonio se debe celebrar únicamente entre hombre y mujer; y del 294, que afirma que la unión en matrimonio tiene el objetivo de “perpetuar” la especie.

Perpetuar la especie… ok, Constitución de Puebla. Entonces, todos aquellos poblanos que se han casado por amor, por interés, por abolengo o por cualquier motivo diferente al objetivo de reproducirse, han estado viviendo en el margen de la ilegalidad. Sépanlo muy bien, confiésense y persígnense como lo manda Diosito papá.


Pues justo como lo están pensando, estas fracciones de nuestra Constitución estatal son excluyentes, discriminatorias y violaban el derecho a la igualdad de los poblanos.


“La determinación de la Corte se dio como respuesta a la Acción de Inconstitucionalidad 29/2016, promovida por la Comisión Nacional de Derechos Humanos (CNDH), con la que demandó la invalidez del artículo 300 del Código Civil de Puebla, reformado mediante un Decreto publicado en el Periódico Oficial del estado el 28 de marzo de 2016”, se explica en una nota de Pájaro Político publicada el mismo martes.

Y vaya que era hora. En un ciudad como la nuestra, donde las arraigadas creencias conservadoras han tenido consecuencias catastróficas como el elevado índice de feminicidios y crímenes de odio en contra de miembros de la comunidad LGBTTTIQ y de sus activistas, los legisladores deberían haber implementado medidas hace varios años, pero insisto….#Puebla.

Recordemos el caso del homicidio de Agnes Torres en 2012, una psicóloga transgénero promotora de los derechos de la comunidad gay, que fue torturada, asesinada y abandonada en la Autopista Siglo XXI de Atlixco. Agnes fue la voz de muchos y muchas que buscaban que sus derechos humanos no fueran violentados por sus inclinaciones personales, sexuales o de género.

El crimen contra ella nos pegó a todos, ya fuéramos heterosexuales, homosexuales, transexuales, feministas o como fuera. A algunos porque la conocíamos, a otros porque es aterrador que esas sean las consecuencias de defender tu libertad a elegir lo quieres ser.

“El 11 de diciembre de 2015, la Primera Sala de la SCJN publicó una jurisprudencia, donde señaló como inconstitucionales todas aquellas normas civiles que definen la institución del matrimonio como la que se celebra entre un hombre y una mujer”, señala la misma nota de Pájaro Político.

Puebla se suma a los estados de Chiapas, CDMX, Morelos, Michoacán, Quintana Roo, Colima, Coahuila, Campeche, Jalisco y Nayarit con los que ya son 11 las entidades que reconocen que aunque fuera un amor por ocultar, en cueros no hay donde esconderlo y aunque lo disfracen de amistad cuando salgan a pasear por la ciudad no podemos seguir rigiéndonos por estatutos claramente anticonstitucionales.

Tanto si opinas que aquello no está bien, o si opinas que qué se le va a hacer, esta acción legislativa puede ser un halo que invite a nuestros compatriotas más conservadores a abrirse a la posibilidad de que las personas tienen derecho a ser quien quieran ser, amar a quien amen, verse como quieran verse, casarse con quien gusten, que el estado de derecho y la CNDH los protege… lo que opinen los demás está de más.