Un reconocido psiquiatra explica el origen de la coulrofobia es decir, el miedo irracional a los payasos.

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Pocos personajes generan tantos sentimientos divididos como los payasos. Si bien muchos los consideran los compañeros ideales de los niños, muchos otros no pueden ni verlos.

A propósito del estreno del filme It, que trae de regreso al temido payaso Pennywise, analizamos el porqué del temor a estos coloridos personajes.

En primer lugar, muchos estudios afirman que el temor a los payasos, llamado coulrofobia, tiene una fuente biológica.

Si tenemos en cuenta que otra fobia común, la aracnofobia, es considerada un vestigio innato de la evolución que nos protege de los peligros de animales amenazantes y peligrosos, cabría esperar que sí.

Paul Salkovskis, del Centro de Trastornos de Ansiedad y Traumas del Hospital de Maudsley, en Londres, afirma que “es habitual que cause temor aquello que es diferente de algún modo, que resulta desconocido e inquietante”.

La función principal de los payasos es hacer reír a la gente, realizar bromas y trucos divertidos o hasta hacer piruetas. Sin embargo, con sus vestimentas extravagantes, maquillaje excesivo y pelucas llamativas, pueden llegar a espantar a los niños e, incluso, a los adultos.

Personajes ficticios como “Eso” (It), creado por Stephen King, o reales como Pogo, el asesino serial estadounidense de nombre John Wayne Gacy que quitó la vida a decenas de personas en la década de los 70s, se han encargado de reforzar la idea de que los payasos son terroríficos.

conocido también como “Pogo”, “Pogo” el Payaso o “El payaso asesino”, fue un asesino en serie estadounidense que violó y mató a 33 hombres jóvenes entre 1972 y 1978. De sus víctimas, 26 fueron enterradas en el semisótano de su propia casa, otras 3 en otros lugares de la casa, y otras 4 fueron lanzadas a un río cercano.

Es por ello que puede creerse que en este tipo de individuos tuvo origen la coulrofobia, es decir, el miedo irracional a los payasos. Sin embargo, la ciencia apunta en otra dirección: a la biología.

Pensemos, por ejemplo, en las arañas. La aracnofobia es una de las fobias más comunes y, probablemente, el temor a un animal más usual entre los seres humanos. De acuerdo con algunos expertos, esta condición está vinculada a un vestigio de nuestra evolución que nos protege de criaturas que sabemos que nos pueden hacer daño, sin que seamos conscientes de ello.

¿Qué sucede entonces cuando nuestro subconsciente se enfrenta a algo que le resulta desconocido? “Aquello que es diferente de algún modo nos resulta inquietante”, explica el doctor Paul Salkovskis del Centro de Trastornos de Ansiedad y Traumas del Hospital de Maudsley, ubicado en Londres, Inglaterra.

Su declaración tiene base en un estudio realizado por la Universidad de Sheffield, del mismo país, que evaluó la respuesta de 250 voluntarios de entre 4 y 16 años de edad ante los payasos. ¿El resultado? La mayoría presentó ansiedad e incomodidad, sentimientos que el análisis atribuye a una “familiaridad indefinida”.

Trabajos como este respaldan la teoría de que la coulrofobia surge porque el subconsciente de un individuo no es capaz de reconocer claramente un rostro humano tras el colorido maquillaje y los desproporcionados rasgos faciales de los payasos. En pocas palabras, estos personajes no nos parecen ‘normales’.

¿Por qué son tan importantes los rostros para nuestro cerebro? Porque juega un papel imprescindible en la interacción social. Es a través de estos que transmitimos —intencionadamente o no— nuestra actitud y sentimiento ante ciertas situaciones, tal como lo escribió el antropólogo Claude Levi Strauss en 1961.

El psiquiatra Steven Schlozman de la Facultad de Medicina de Harvard agrega un elemento más a la ‘fórmula’ de los payasos terroríficos: su sonrisa permanente.

“Por lo general, nuestra mente interpreta las sonrisas como algo positivo pero, en el fondo, sabemos que no es posible sonreír todo el tiempo”, explica. “De ser así, nuestro subconsciente detecta que algo falla. Si el aspecto de las personas o su comportamiento no varían, se convierten en terroríficas”.