No hay nada de malo en aceptarnos, con todo y nuestro equipaje 

Y

si nunca has sufrido trastorno de ansiedad, probablemente no puedas entenderlo y quizá creas que se trata de “necesidad de atención”, que “me gusta el drama”, incluso que soy débil.

La semana pasada estaba dando vueltas por la red cuando me topé una noticia en particular, un vídeo: Sinead O’Connor, desde algún motel en Nueva Jersey, hablando crudo y sin escudos sobre los desórdenes mentales. Esos que son tan comunes, pero que son prácticamente innombrables. 

Y es que la creencia popular es que desorden mental= loco.

Falta mucha información y comprensión sobre el tema, falta hablarlo. Falta decir “¡mira! Esta soy yo, y cargo con esto, pero esta es mi lucha y si no la entiendes, por favor no me juzgues”. ¡Por favor no nos estigmatices! Porque somos muchos y hacemos lo mejor que podemos.

El video que compartió Sinead O’Connor ha abierto el debate. Una artista por fin se atreve a hablarlo en directo, a mostrarnos en la cara lo difícil que es la negación del tema por parte de los familiares y amigos. Sinead habla de “suicidio” y no faltó quien la tachó de cobarde, de drogadicta, de loca. Acusaciones de este tipo no proponen ni construyen nada.

La cantante dijo en un video, que estaba “luchando como [lo hacen] un millón de personas” afectadas por enfermedades mentales.

¿Cómo se juzga y categoriza algo que no se entiende? ¿Por qué cuando se habla de desórdenes mentales las personas que ignoran del tema se sienten con el derecho de atacar a quienes luchan con ellos a veces día con día y de por vida? Lo hicieron con Chester Bennington, sin siquiera cuestionarse lo que había detrás. Antes de señalar a alguien, habría que recordar que el mundo no se ve igual para todos.

Los desórdenes mentales no respetan profesión, clase social, religión, género, etcétera, pero de alguna forma cuando se les relaciona con la música o el arte, se tiende a idealizar la figura de quien lo padece -“fue un genio incomprendido”-, pero en el fondo seguimos categorizando.

“Shine on you crazy Diamond”, Syd Barret, el “diamante loco”.

“Pink Floyd no podría haber sucedido sin él, pero por otra parte, no podríamos haber seguido adelante con él”-Roger Waters, con respecto a Syd Barret.

Syd Barret no fue solamente uno de los fundadores de Pink Floyd, fue su primer líder. Al mismo tiempo que la banda despegaba, la mente de Syd se perdía. Una mente brillante, una mente incontrolable, una mente esquizofrénica. El mismo potencial que lo convirtió en genio acabó con él.

Muchos artistas han reconocido la influencia de Barrett en su trabajo como Paul McCartney, Jimmy Page, Blur, Sex Pistols y David Bowie.

Los desórdenes mentales no respetan profesión, clase social, religión, género

Pero Syd Barret no es el único. Algunos años antes los Beach Boys atravesaron algo similar con Brian Wilson, quien sufría trastorno bipolar y esquizofrenia, Ray Davies de The Kinks también fue diagnosticado con trastorno bipolar y admitió haber pensado en el suicidio.

Años más tarde Joy Division se desintegraba para convertirse en New Order después de que Ian Curtis, su líder, se quitara la vida a consecuencia de la epilepsia y depresión. También Sting compartió en una ocasión que mientras estaba con “The Police” sufrió trastorno de ansiedad.

+ ¿Qué pasa cuando una banda pierde a su vocalista?

Ya para los 90’s los seguidores del grunge perdían a Kurt Cobain por una depresión que lo llevó a un abuso indiscriminado de sustancias; Prince tenía que refugiarse en medicamentos para poder controlar su ansiedad y agorafobia, esos mismos medicamentos que lo ayudaron a mantenerse “funcional” se convirtieron en su verdugo. Ahora es Sinead O’ Connor, quien tras años de enfrentarse contra el trastorno bipolar y la depresión, pone en evidencia lo difícil de su lucha.

A veces los músicos pueden transformar la oscuridad de su mente en melodías, en otras ocasiones esa oscuridad es tan intensa que les cuesta la vida.

Y es que el arte está lleno de artistas con desórdenes mentales, pero se sienten tan distantes, como si no pudiera pasarnos o a alguien cercano. La realidad es que sí puede, y es más común de lo que nos imaginamos.

El primer paso para ayudar a alguien que padece algún desorden mental es buscar información. Tratar de entender que es lo que pasa en la cabeza del otro, generar comprensión, dejar los juicios de lado y acudir con un especialista de ser necesario.

No hay nada de malo en aceptarnos, con todo y nuestro equipaje. A final de cuentas, bien dicen que “lo que no te mata, te hace más fuerte”.