Desafortunadamente en nuestro país hablar de rock en la actualidad se reduce a unas cuantas opciones genéricas, Zoé, los Daniels, Dildo y un millón de propuestas extranjeras que encuentran escuchas en quien no valora lo hecho en su país. Dentro de toda de esta vorágine de propuestas sosas, gastadas, aparece un rockero que según quien suscribe está recuperando los valores perdidos del R&R.

No hablamos ni de Charlie Montana, ni Rockdrigo, el Haragán, Jaime López, ni mucho menos de León Larregui, estamos hablando de Juan Cirerol.

Piensa en tu día más jodido, el más abrumador, ese día en el que tu sufrimiento inagotable fue comparado con el de Job (sí, él de la Biblia), a eso suena la música de Juan Cirerol mezclada con un destello, una ligera manifestación de esperanza.

Juan Cirerol no tiene ni treinta años y la está rompiendo en grande en una escena moderna que poco acepta las propuestas orgánicas, sensatas. En el 2008 inicia su carrera en solitario con un disco titulado “No más sirvo pa’ cantar”.

Lo de este carnal es existencialismo puro. Un filósofo que hasta el mismo E.M. Cioran podría envidiar, un libre pensador que en vez de armarse con pluma y tintero, se armó con una guitarra acústica, una armónica, y una voz rasposa que solo se logra fumando piedra.

Con una honestidad brutal, este pirata del rock nos habla de excesos, desamores, la mierda cotidiana de la vida, y del gran inconveniente de existir, existir que puede aligerarse consumiendo un poco de metanfetamina.

“No le des mucho tiempo al destino,
sabes que no existe otro camino,
mientras yo me voy de aquí,
ahí te dejo estas molestias,
sabes que me gusta la metanfeta” Cirerol

El pasado viernes 5 el cantante se dio una vuelta por nuestra ciudad al lado del rapero LNG/SHT (otra historia por contar) en una gira llamada “Llaves, teléfono y todo fine”, nombre resultado de un juego de palabra obtenido de canciones propias de cada uno de estos artistas, para dar un show en vivo.

Alrededor de las 11:00 de la noche, en el escenario de un conocido venue underground del centro histórico y después de la presentación de LNG/SHT, aparece una figura de estatura mediana vistiendo chamarra y pantalón de mezclilla, armado con guitarra de 12 cuerdas y armónica; Juan Cirerol, cual chaman del rock & roll, comanda una velada llena de excesos.

En el imaginario del público, los excesos a los que invita este “Johnny Cash mexicano” motivan una peda desenfrenada para todos aquellos a los que “no les han enseñar a vivir sin loquear”.

Gente hasta el rifle de alcohol y cualquier otro estupefaciente, caídos en guerra que ni llaves, ni dignidad encuentran, y alguno que otro curioso, no dejan de corear “Quisiera que cuando llueva en vez de agua cayera perico”.

Ante una propuesta colectiva de música moderna genérica, de rock & roll popular empaquetado, procesado y con pocos valores musicales, Cirerol llega a nuestros oídos con una propuesta incendiaria.

Encontramos poca pretensión en la música de este rockero que ni siquiera necesita de una guitarra eléctrica. La distorsión creada por recursos tecnológicos, tan utilizada por los grandes “rockers” de la nación, este pelotudo la lleva en la voz. Cirerol sigue presentándose solo, a la brava, sube al escenario sin músicos de apoyo. Rock & roll puro de altísima calidad.

Difícil etiquetar la música del originario de Baja California. Podríamos decir que se desenvuelve dentro del country, el folk, la música vernácula de nuestro país y el rock. Una simbiosis de géneros que resulta en un músico sin precedentes, tal vez una versión moderna y con droga de “Chava Flores”.

Si quieres saber un poco más de lo que hablamos te invitamos a escuchar “Haciendo leña” disco de Juan publicado en 2012.