Tomarse una fotografía con un smartphone es un acto de valentía. El teléfono es una herramienta que se puede convertir en un arma para el gobierno, las empresas multimillonarias y cualquier persona interesada en obtener un poco de información.

a

A medida que la tecnología de reconocimiento facial se va haciendo cada vez más avanzada, van surgiendo nuevas críticas por su potencial para invadir la privacidad de los individuos.

El móvil es un fiel compañero: sabe todo sobre nosotros.

Sorprendentemente, Snapchat estaría prestando atención a las críticas, ocupándose en desarrollar avances en estas tecnologías que pretenden, quizá a contracorriente de las tendencias dominantes, contribuir a proteger la privacidad de sus usuarios.

Snapchat no tiene un buen historial en lo que respecta a la privacidad, y en apariencia está haciendo un esfuerzo para cambiar eso, presentando una solicitud de patente para una tecnología capaz de modificar una fotografía y restringir su distribución en la plataforma de acuerdo con las configuraciones de privacidad de las personas que aparecen en la imagen.

El gobierno de los Estados Unidos a través del FBI sigue ganando poder y parece que nadie puede hacer nada al respecto, ya que ahora se ha dado a conocer que la oficina de investigación ha creado de forma silenciosa una base de datos que alimenta un poderoso sistema de reconocimiento facial masivo, algo que significa un nuevo ataque a la privacidad.

La Oficina de Responsabilidad del Gobierno (GAO), ha publicado un nuevo informe donde da a conocer que el FBI está violando las garantías individuales, libertades civiles y privacidad de los ciudadanos de su país y de varias regiones del mundo, esto al no informar el uso indebido de más de 411 millones de fotografías, bajadas de los sistemas de Snapchat.

Además el informe se incluyen permisos de conducir, extranjeros que solicitan visas, crimínales sentenciados, así como ciudadanos bajo un juicio activo.

Una recopilación secreta de información

Desde Vox explican que Snapchat se sirve de la tecnología de la empresa ucraniana Looksery, compañía que adquirió en el 2015 por US$ 150 millones. Ésta compañía está especializada en tecnologías de seguimiento y modificación facial en tiempo real. Para hacerlo, empiezan por detectar el rostro de una persona.

Al día de hoy, el software es capaz de reconocer el rostro de una persona gracias al algoritmo bautizado como Viola Jones. Dicho algoritmo es capaz de procesar solo la información presente en una imagen en escala de grises para determinar si es una cara, proceso que completa escaneando las diferentes partes con las que cuenta un rostro. De esta forma determina contrastes en zonas específicas como nariz, frente o mandíbula para establecer velozmente y con un 99.9% de acierto que se trata de un rostro.

Una vez determinado qué es un rostro, Looksery es capaz de ubicar cuáles son cada una de las partes que lo componen por lo que determina unos patrones generales faciales. Tras analizar una gran cantidad de rostros en una base de datos, la compañía es capaz de establecer una serie de puntos que marcan el ancho y alto de las cejas, así como su ubicación en el rostro; dónde se supone que están los ojos, la nariz, los labios y el contorno de la cara. Una vez con estos elementos determinados, se crea una máscara en tres dimensiones a modo de faz virtual del usuario.

Este sistema de reconocimiento facial arrancó operaciones en abril de 2015 después de tres años de prueba piloto, el cual tenía como objetivo almacenar los rostros de todos los criminales de Estados Unidos, para así crear una herramienta que permitiera ayudar en investigaciones futuras, reconociendo los rostros de presuntos delincuentes capturados en vídeo.

Hasta el momento el sistema está habilitado para investigaciones donde al meter la imagen de un posible sospechoso el sistema arroja hasta 50 coincidencias. Lo preocupante es que esas coincidencias son en su mayoría de gente que nunca ha cometido ni una pequeña infracción.

GAO está arrancando con una investigación que busca prohibir el uso de estas imágenes, ya que hasta ahora el FBI no ha sido capaz de demostrar la precisión y eficiencia del sistema, además de que no existe una explicación del uso indebido de fotografías de ciudadanos y extranjeros.

Alvaro Bedoya, director del Centro de Privacidad y Tecnología de Derecho de Georgetown, menciona:

“Este informe es vergonzoso. El FBI ha creado un sistema de reconocimiento facial a nivel nacional que incluye no sólo a los criminales, sino también a decenas de millones de estadounidenses que respetan la ley y que nunca fueron notificados de esta inscripción. La naturaleza y el alcance de este proyecto no tiene precedentes.”

El informático Edward Snowden advirtió hace unos años –cuando liberó documentos de la Agencia de Seguridad Nacional Estadounidense (NSA)– que su gobierno estaba desarrollando tecnologías para usar las fotografías de todos los usuarios de Internet sin importar que hayan cometido crímenes o no. Aseguró que empresas como Google estaban involucradas en ese proceso. Si alguien sube una foto a la nube o a una red social, inmediatamente corre riesgo de llegar a la NSA y convertirse en parte de su base de datos. 

Siguiendo con las teorías de sci-fi, en muchas películas futurista aparece un factor común: el reconocimiento facial. Las cámaras que con un pequeño acercamiento logran identificar a una persona cualquiera por medio de análisis del rostro ahora son una realidad. El FBI lo usa para buscar a distintos criminales y, aunque en algunos casos ha funcionado, en otros ha resultado en la captura de individuos inocentes. Esto se debe a la falta de exactitud con la que funcionan las tecnologías actualmente, pero cuando evolucione, será mucho más precisa.

De acuerdo con la investigadora Adrienne LaFrance, ese momento ha llegado. El problema principal que tenía la organización era que su base de datos era muy pequeña. Su nueva tecnología le permite buscar y analizar millones de fotografías de los ciudadanos norteamericanos obteniéndolas de los registros de las licencias para conducir y –peor aún– de cualquier cámara de seguridad alrededor del país.

Esto significa que –sin importar si la persona es un criminal o no–, si cuenta con licencia o pasa por una cámara del gobierno se encuentra en la base de datos de los policías. Por lo tanto, si alguien considera que un individuo podría ser un riesgo, se puede analizar su rostro, descubrir quién es y capturarlo en cualquier momento. Aunque suene atractivo un sistema para identificar criminales, la tecnología aún no es tan confiable y alguien puede ser acusado de manera inocente; sin mencionar la invasión de privacidad que conlleva ese tipo de investigaciones.

Tus fotografías le pertenecen a Internet. Toda la actividad que se realiza en las redes sociales le pertenece a los analistas de datos. Cada movimiento es analizado, los fondos de las imágenes ya no son insignificantes y la privacidad es prácticamente inexistente. Aunque un perfil tenga acceso limitado para otros contactos, los programadores y analistas pueden mirar todo el comportamiento de sus usuarios que usan sus aplicaciones. Incluso Facebook tiene una base secreta de todo lo que capturan sus usuarios en los smartphone. Los rostros ya no sólo le pertenecen a quienes los portan sino a todos aquellos que puedan ganar algo con ellas. Aunque la excusa de Zuckerberg sea “unir a las personas” y crear herramientas que faciliten los procesos, pocos saben realmente sus intereses más profundos, los cuales siempre estarán enfocados a las ganancias.

El peor de los casos llegaría si las tecnologías que desarrollan Google y Facebook pasen a manos del FBI o viceversa. Tanta información concentrada es demasiado frágil como para caer en manos del gobierno y la pesadilla de Snowden se haría realidad. No sólo podría pasar que un grupo de investigadores vea todas las fotografías ocultas de un usuario. Es la pérdida total de la privacidad. Todos funcionarían como simples robots que generan datos. Cada imagen capturada es un pedazo más de información.

Usar el teléfono es un acto de valentía, pero es más de ignorancia ya que significa exponerse directamente a todas las empresas que desean información sin siquiera saberlo. Quieren saber qué le gusta a las personas, a qué le dan click, qué es lo que odian, lo que desean, a dónde caminan y lo que leen. Nadie se da cuenta de lo que sucede. Lentamente se encierran en una burbuja mientras son observados por cientos de ojos. La privacidad no existe y los mismos usuarios renunciaron a ella.