El Financial Times no es conocido por su agresividad. Y menos al hablar de sus lectores, principalmente ejecutivos de la City y hombres de negocios de todo el mundo. Pero esta mañana el tema de conversación en Londres es el artículo que el diario ha publicado sobre la llamada Cena de los Presidentes, un evento que se organiza desde hace treinta años en la capital y que busca levantar dinero para organizaciones benéficas.

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Por: Amparo Polo

El acto en sí es admirable. En la cena de este año se recaudaron 2 millones de libras, que irán a parar casi integramente a un hospital de niños, el Great Ormond Street Hospital.

Pero las formas de los asistentes, una vez comenzado el acto, dejan bastante que desear, según desvela el FT en un artículo que ha sentado como una bomba de relojería en la City.

Una de sus periodistas se hizo pasar por azafata del evento, que se celebra en el hotel Dorchester de Londres, uno de los más exclusivos. Y su experiencia muestra cómo la cena se convierte en una excusa para que los 300 asistentes (todos hombres, a las mujeres no se les permite la entrada) acosen y se sobrepasen con las azafatas contratadas para la celebración, unas 130, casi todas estudiantes que se quieren sacar un dinero extra.

La periodista infilrada cuenta cómo es normal que los asistentes acosen a las chicas, las toquen y les propongan subir a una habitación del hotel cuando acabe el acto. Un directivo enseñó sus partes íntimas a una de las azafatas en medio de la cena. En fin, un desmadre.

Para esta gala se habían contratado a 130 azafatas, que debían vestir ropa negra sexy de forma obligatoria

Todo, eso sí, mientras los asistentes, todos altos ejecutivos del mundo de la empresa, la publicidad y los medios gastan miles de libras en los lotes que son subastados durante la cena.

Financial Times, cuyos artículos solo pueden leerse si eres suscriptor, deja leer de forma gratuitia esta noticia para que tenga más impacto.

Por supuesto, el debate ha empezado. Las chicas que van a un acto de este tipo saben a lo que van, dicen algunos. Por ejemplo, en las entrevistas para contratarlas se les dice que van a llevar ropa provocativa, que no se asusten si alguien se sobrepasa un poco, y que no les digan a sus novios que van a un evento de solo hombres. “Dígan que es un acto benéfico sin más”, les explican en el casting.

Las mujeres son libres de ir a estos trabajos o de no aceptarlos, dicen algunos lectores que han empezado a dejar comentarios. (Por cierto, les recomiendo leerlos, en parte para que veans que el mundo cambia muy despacio, por desgracia).

Otros argumentan que el tema a debatir no es ése, sino el acto machista que supone juntar a 300 señores muy poderosos en una sala, dejarles que coman y beban lo que quieran, que gasten también lo que quieran (de eso se trata el show, básicamente) y que hagan con las chicas también lo que quieran (o puedan).

¿Son los eventos sociales de un solo sexo algo del pasado? ¿Deberían mantenerse o hay que intentar erradicarlos para evitar situaciones como la de la famosa cena? ¿Tienen los hombres derecho a seguir haciendo cenas solo de hombres, si ellos quieren?

Muchas preguntas como éstas van a ser debatidas hoy con gran vehemencia.

Si algo queda claro es que la Cena de los Presidentes, en su formato actual, ha muerto. Es una pena por los fondos que recaudaba, pero el escándalo que se ha montado va a acabar con este histórico encuentro.

Un punto relevante de la información es que el diario cita muy pocos nombres de asistentes, algo totalmente premeditado.

Algo que recuerdo de la época en que trabajé en la sede del Financial Times es la labor de los abogados del periódico. Miraban con lupa todos los temas conflictivos para evitar demandas. No puedo ni imaginar las vueltas que habrá dado este artículo antes de ser publicado para que todo lo que está escrito sea absolutamente legal.

Los tiempos también corren a favor de este tipo de reportajes, impensables hace solo unos años. Reino Unido es uno de los países que más está impulsando la lucha contra la desigualdad de género. El Gobierno obliga este año a todas las empresas a especificar cuál es la brecha salarial en sus organizaciones y qué planes van a poner en marcha para reducir estas diferencias. Las mujeres están muy presentes en todos los campos. A nadie se le ocurre montar una conferencia o un panel televisivo sin que haya presencia femenina.

Que el FT publique esta pieza tan explosiva no es casual. El diario lleva meses apostando por los temas que hablan de la desigualdad en el trabajo, de la brecha salarial y de la necesidad de tener más diversidad en las empresas. Algunas de sus periodistas más veternas, con experiencia como corresponsales en todo el mundo y actualmente en cargos de responsabilidad en el diario, como Sarah Gordon o Roula Khalaf, supervisan muy de cerca estos temas. Y todo cuenta con el beneplácito, evidentemente, de Lionel Barber, el director del diario.

Piezas como ésta son la mejor de forma conseguir lectoras, algo que el FT busca de forma activa.

La decisión del diario de publicar algo así, más propio en Reino Unido del Daily Mail o de The Sun (con periodista infiltrada, cámara oculta y demás), muestra que su apuesta por estos temas va muy en serio.

Incluso si molesta a sus lectores habituales, esos grandes ejecutivos de la City que hoy se avergüenzan de haber asistido a la Cena de los Presidentes y que están rezando para que sus nombres no salgan por ningún sitio.

Con información de Expansión y del Financial Times